No recuerdo mi primer mundial, ni tampoco recuerdo el del 86 pero si el de Italia.
No por los partidos, ni por alguna jugada fantástica que se dio, sino por la gente. Recuerdo estar en clase, pendiente de las 4 radios que teníamos para los 31 alumnos que eramos. Recuerdo asomarme de a ratos por la puerta del salón para poder divisar algo del partido en alguno de los televisores que habían traído. Tengo en la memoria salir a la terraza de mi casa, en aquel entonces todavía vivía en LL, y que mi abuela destrozo la tapa de una de sus cacerolas favoritas.
Del mundial del 94, al igual que muchos, casi prefiero olvidarlo. Estábamos ya en ST, perdidos en el culo del mundo, solos en un hotel cerca de la playa en pleno invierno. Estaba la familia al completo, los cuatro, y mi tío. La tele siempre prendida en cualquier partido del mundial. Ama era la única que salia a festejar a la calle. Nuestros vecinos, trabajadores del hostal de enfrente, la miraban pasearse a viva voz por el medio de la calle, ellos no miraban el mundial. Al segundo partido, y a sus posteriores festejos se le sumo un vecinito, de unos 10 años, con bombo y platillos (literalmente), sus padres no lo dejaban venir con nosotros a verlo porque "¿
quién dejaría a su hijo con la loca esa?"
El que pase en LP y los que he pasado acá, en LK, son mas medidos. No tenemos tanto tiempo para poder ver los partidos pero, sin falta, ese día llevamos la camiseta y colgamos la bandera.
Es difícil de explicar lo que uno siente en esos momentos. Pensándolo, no es fácil decirlo... se te acelera el corazón, la voz te sale con cosas que no sabes ni que conocías y el cuerpo se vuelve agitado (.... ¬¬, ).
Hoy, al igual que todos los días de colegio, acompañé a mis niños, como siempre hasta la puerta. Una gran marea albirroja salpicada de algunos azules (el color de la segunda equipación) desfilaba enmarañada hacia dentro de la escuela. El grito del Athlelic y su himno resonaban por los altavoces donde, generalmente, hay música de los payasitos (lease Pirritx eta Porrotx o Txirri, Mirri eta Txiribiton). Me daba ese mismo sentimiento que decía antes ver jugar a los chicos a la pelota, o mostrando orgullosos su dibujo de la bandera y/o del león, los padres, también vestidos con algo, animándolos a cantar.
La carpa de la plaza, la mas grande que hasta ahora han puesto, ya esta lista para pasar el partido, tal como prometió uno de los bares del puerto.
Como dijo Caparrós, ayer en una entrevista, "
el Athletic es un sentimiento".